miércoles, 16 de mayo de 2012

He aquí un vídeo promocional muy majete que nos hemos currado en la Facultad de Periodismo. Ha costado, y nos han tenido que ayudar mucho porque somos unos paquetes, pero aquí está!
http://www.youtube.com/watch?v=G8kT2dtyk7w

martes, 8 de mayo de 2012

Beber es un gran placer


Por el legítimo derecho a emborrarse, porque ¿qué sería de los sábados/jueves/miércoles/viernes sin unos cubatillas? ¿Cómo iban a ligar entonces los feos y las gordas? ¿Cómo iba yo a acordarme del camino a la discoteca esa a la que sólo voy cuando estoy borracha?
El alcohol, amigos míos, nos hace felices. Nos desinhibe para que podamos bailar cual gilipollas pensándonos que somos los amos de la pista, haciendo movimientos imposibles. Te quedas como: Wow ¿cómo me ha podido salir ese paso digno de los finalistas de fama? Pues veras… es que no te ha salido. No te ha salido una mierda. Prácticamente ni te has movido. De hecho sigues en el suelo desde que te tropezaste hace media hora con tu propio pie.  
Y es que, sí, cuando vas borracho te arriesgas a hacer el ridículo. Es más, cuando ya has pimplado más de media botella de algún licor decente estás avocado al desastre. A caerte, a olvidarte de cómo se hablaba o a hablar demasiado, a ligar con la/el que no era, a cantar las canciones más alto de lo que harías habitualmente, a creer que tienes una destreza inusual con los idiomas (joder, hasta con los que no has hablado en tu puta vida), a ser temerosamente valiente (los árboles de repente son más escalables, el portero de la discoteca no está tan cachas,  la carretera es perfectamente transitable pasen coches o no…).
La moraleja: Bebe siempre que puedas, la vida es mejor. Y si no lo es, pues da lo mismo. Bebe coño.

sábado, 5 de mayo de 2012

Lo que el viña me jodió

A pocos días de haber vuelto de un festival de música aun estoy pagando los excesos que me he permitido durante esos 4 días de música, alcohol y drogas. Lo peor de todo es que lo que realmente me está amargando la existencia en estos momentos no es una cirrosis galopante, ni una sordera aguda ni un colocón duradero. Lo que me duele es un pie. Un jodido pie. Después de toda la fiesta que me he metido al cuerpo lo único que me queda es una cojera ridícula que está entre el ir cojo y el andar raro y lo peor es que no se por qué coño me duele. Esto, como todo, tiene su moraleja. Si te drogas y piensas mezclarlo con alcohol y además piensas hacer todo esto hasta llegar a límites extremos, mira bien donde pones los pies, o si no, por lo menos intenta acordarte de dónde los metiste, porque de otra manera te verás tal que como yo, gastando suela. MUY turbio.