martes, 8 de mayo de 2012

Beber es un gran placer


Por el legítimo derecho a emborrarse, porque ¿qué sería de los sábados/jueves/miércoles/viernes sin unos cubatillas? ¿Cómo iban a ligar entonces los feos y las gordas? ¿Cómo iba yo a acordarme del camino a la discoteca esa a la que sólo voy cuando estoy borracha?
El alcohol, amigos míos, nos hace felices. Nos desinhibe para que podamos bailar cual gilipollas pensándonos que somos los amos de la pista, haciendo movimientos imposibles. Te quedas como: Wow ¿cómo me ha podido salir ese paso digno de los finalistas de fama? Pues veras… es que no te ha salido. No te ha salido una mierda. Prácticamente ni te has movido. De hecho sigues en el suelo desde que te tropezaste hace media hora con tu propio pie.  
Y es que, sí, cuando vas borracho te arriesgas a hacer el ridículo. Es más, cuando ya has pimplado más de media botella de algún licor decente estás avocado al desastre. A caerte, a olvidarte de cómo se hablaba o a hablar demasiado, a ligar con la/el que no era, a cantar las canciones más alto de lo que harías habitualmente, a creer que tienes una destreza inusual con los idiomas (joder, hasta con los que no has hablado en tu puta vida), a ser temerosamente valiente (los árboles de repente son más escalables, el portero de la discoteca no está tan cachas,  la carretera es perfectamente transitable pasen coches o no…).
La moraleja: Bebe siempre que puedas, la vida es mejor. Y si no lo es, pues da lo mismo. Bebe coño.

1 comentario:

  1. chica, me preocupas.

    Deberíamos apegarnos a la vida y no huir de ella.......

    Por otro lado, el 90% por ciento de lo que dices es cierto, y esta graciosa el texto. :)

    ResponderEliminar