viernes, 12 de abril de 2013

Alguien dijo: liberté, égalité, fraternité

La Libertad guiando al pueblo - Eugène Delacroix
Hace muchos años, los franceses decidieron, en pleno cénit de su revolución, que la libertad, la igualdad y la fraternidad debían ser los valores sobre los que se erigiese una sociedad justa,. En el transcurso de la historia, estos valores han sido considerados desde diferentes perspectivas, siendo ejes centrales de los ideales modernos. Así se diría que los tres posicionamientos políticos principales se valieron de acogerse a cada uno de ellos para elaborar su teoría en derredor, siendo el principal fallo la inexistencia de esa conjunción ideal.

Partiendo de la libertad, este habría sido el valor que tomaron los idealistas capitalistas, defendiendo la libertad individual por encima de la igualdad o la unión. Una libertad  centrada en el capital y en otros conceptos principales de esta dostrina como lo son la propuedad privada y  el mercado libre.
Por otra parte, el valor de igualdad sería el tomado por la doctrina socialista, cuya base es la equidad tanto en concepciones antropolígicas como económicas y de gobierno (históricamente ha sido mal aplicada esta doctrina, callendo en la localización y jerarquización del poder con un progresivo elitismo fraguado por la clase política)
Por último, la fraternidad sería el eje central de los nacionalismos. Un sentimiento de unidad que casa con la idea de pertenencia a un lugar, a una cultura y a una historia. Dicho sea también, la fraternidad es un símbolo que encontraremos además en otros elementos socialmente estructuradores como las religiones.

Los dos últimos compartirían ese rasgo negador del individuo que propicia la despersonalización en detrimento de un ente superior al servicio de una causa. Estas pautas han dejado su impronta en las sociedades, por ejemplo, en cuanto a reticencias sexuales u otras actividades que se encuadrarían en el goce personal (como el lujo o la belleza).
El primer modelo, deja pasar la igualdad y la fraternidad, favoreciendo las jerarquías, las clases, las élites, defendiendo la libertad del individuo en su situación, sin que esta sea relevante para la sociedad en su conjunto. Ni peor ni mejor que el socialismo, aunque si con unos principios más egoistas, ambos han sido mal aplicados a lo largo de la historia, causando hambre y, sobre todo, muerte.
Los franceses no se equivocaban cuando vislumbraron que estos tres valores serían los configuradores de una sociedad justa.

 Libertad, pero no ya solo del individuo, si no de la sociedad en su conjunto, entrando en juego reglas sociales, como el derecho de terceros. Igualdad de todos los individuos como seres humanos (personalmente creo que la igualdad en los individuos solo se puede poner en duda desde el plano intelectual, nunca fisilógico y mucho menos en términos situacionales). Entender a los demás como iguales y además entenderlos como seres libres sería el siguiente paso hacia la fraternidad, hacia un Nosotros, que desacreditaría todo tipo de enfrentamientos  y que, actuando como elemento aglutinador, sería la condición necesaria para una sociedad que avanza siempre a mejor tanto política, como económica y sobre todo moralmente.

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