jueves, 4 de abril de 2013

Lo que Nietzsche se llevó (de mi)


Friedrich Nietzche (sobrenietzsche.blogspot.com)
Gracias a esta curiosidad con la que nací, (nunca sabré si para bien o para mal) cada vez que veo un estante con libros tengo que pararme a ojear, y ojeando ojeando de vez en cuando encuentro perlitas. Hace un tiempo que me interesa la filosofía (solo por curiosidad, no me veo filosofando) y resulta que es difícil conocer la línea teórica de alguno de estos genios de la filosofía, pues suelen tener sendas obras a sus espaldas, y en muchas ocasiones lo que dicen en un libro lo contradicen en el siguiente.

Así pues, por poco que había leido de Nietzsche, no era muy positiva la imagen que tenía de su pensamiento (y sinestesia al canto), he de reconocer que soy una gustosa lectora de tratados sobre ética y moral, y en este punto precisamente Nietzsche se muestra como un pensador de la transgresión. Es verdad que quizás es fácil hacer una lectura a contra pelo de sus textos, pero sin embargo en cierto punto, no se muy bien porqué, las tornas cambian y se ve todo bastante claro. En La genealogía de la moral hace una visión muy interesante sobre los origenes de la culpa, la pena o la mala conciencia de la que son esclavos nuestros actos.

En este punto, para Nietzsche, los ideales a los que nos acogimos, hace muchos años ya, son los ideales de los débiles, del pueblo llano que se enfrentaba a los nobles, a la aristocracia, a los valientes, a quienes estaban por encima de ellos (para Nietzsche ya no por su posición social, si no por su espíritu mucho más fuerte, poderoso, valeroso, la esencia del héroe). Toda esta transposición de los ideales dominantes las enlaza sobre todo con la acción devastadora de la Iglesia Católica. De aquí vendrían sentimientos como la culpa (relación entre deudores y acreedores) y sobre todo la pena (buscar castigos equiparables a la deuda). Así mismo, establece otras relaciones con la divinidad, como el hecho de que, para él, el surgimiento de un Dios, la afirmación de este, provendría de la negación de nuestros instintos, de aquello que somos por naturaleza.

De aquí parte a otras muchas consideraciones, como la afectación de los ideales ascéticos en filósofos, artistas, eclesiásticos, etc o la contradición de la culpa (si los hombres somos culpables, nuestro creador nos hizo culpables, y la solución a esta paradoja habría sido el sacrificio de Dios por los hombres, el acreedor haciéndose deudor de sí mismo).
En definitiva creo que es un libro muy interesante puesto que se niega a partir de ningún planteamiento preestablecido, quiere ir al fondo, al principio, y es bonito porque es una manera de replantearnos nuestra propia forma de concebir las cosas y pensar un poco en los "por qués" que nos pillan más lejos en lugar de centrarnos en las cosas más simples de ver.

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