jueves, 16 de mayo de 2013

Histórico debate sobre la existencia de Dios (2ª parte)

http://www.ojocientifico.com/3620/cientificos-ateos-o-creyentes
 Continuamos secuestrados.
Segunda parte de este debate, ahora pasando a la experiencia  religiosa:

LA EXPERIENCIA RELIGIOSA

COPLESTON: Muy bien. Voy a decir unas palabras sobre la experiencia religiosa,
y luego pasaremos a la experiencia moral. Yo no considero la experiencia
religiosa como una prueba estricta de la existencia de Dios, por lo que el
carácter de la discusión cambia un poco, pero creo que puede decirse que su
mejor aplicación es la existencia de Dios. Por experiencia religiosa no entiendo
simplemente sentirse a gusto. Entiendo una apasionada, aunque oscura,
conciencia de un objeto que irresistiblemente parece al sujeto de la experiencia
algo que le trasciende, algo que trasciende todos los objetos normales de
experiencia, algo que no puede ser imaginado, ni conceptualizado, pero cuya
realidad es indudable, al menos durante la experiencia. Yo afirmaría que no
puede explicarse adecuadamente y sin dejarse cosas en el tintero; sólo
subjetivamente. La experiencia básica real, de todos modos, se explica
fácilmente mediante la hipótesis de que existe realmente alguna causa objetiva
de esa experiencia.

RUSSELL: Yo respondería a esa argumentación que todo el argumento que se
derive de nuestros estados de conciencia con respecto a algo fuera de nosotros
es un asunto muy peligroso. Aun cuando todos admitimos su validez, sólo nos
sentimos justificados al hacerlo, me parece a mí, en virtud del consenso de la
humanidad. Si hay una multitud en una habitación y en la habitación hay un
reloj, todos pueden ver el reloj. El hecho de que todos puedan verlo tiende a
hacerles pensar que no se trata de una alucinación: mientras que esas
experiencias religiosas tienden a ser muy particulares.

COPLESTON: Sí, así es. Hablo estrictamente de la experiencia mística pura, y
ciertamente no incluyo lo que se llaman visiones. Me refiero sencillamente a la
experiencia, y admito plenamente que es inefable, del objeto trascendente o de
lo que parece ser un objeto trascendente. Recuerdo que Julian Huxley dijo en
una conferencia que la experiencia religiosa, o la experiencia mística, es una
experiencia tan real como el enamorarse o el apreciar la poesía y el arte. Bien,
yo creo que cuando apreciamos la poesía y el arte apreciamos poemas
concretos o una obra de arte en concreto. Si nos enamoramos, nos
enamoramos de alguien, no de nadie.

RUSSELL: Permítame interrumpirle un momento. Eso no sucede siempre así.
Los novelistas japoneses nunca creen que han conseguido su objetivo hasta
que gran cantidad de seres reales se han suicidado por amor a la heroína
imaginaria.

COPLESTON: Bien, le creo lo que dice que sucede en el Japón. No me he
suicidado, gracias a Dios, pero me vi fuertemente influido, al tomar dos
importantes decisiones en mi vida, por dos biografías. Sin embargo, debo
aclarar que encuentro poca semejanza entre la influencia real de esos libros
sobre mí, y la experiencia mística pura, hasta el punto, entiéndase, en que
alguien ajeno a ella puede tener una idea de tal experiencia.

RUSSELL: Bien, yo quiero decir que no debemos considerar a Dios al mismo
nivel que los personajes de una obra de ficción. ¿Reconocerá que aquí hay una
diferencia?

COPLESTON: Desde luego. Pero lo que yo diría es que la mejor explicación
parece ser la explicación que no es puramente subjetiva. Claro que una
explicación subjetiva es posible en el caso de cierta gente, en la que hay escasa
relación entre la experiencia y la vida, como en el caso de los alucinados, etc.
Pero cuando se llega al tipo puro, como por ejemplo San Francisco de Asís,
cuando se obtiene una experiencia cuyo resultado es un desbordamiento de
amor creativo y dinámico, la mejor explicación, a mi entender, es la existencia
real de una causa objetiva de la experiencia.

RUSSELL: Bien, yo no afirmo dogmáticamente que no hay Dios. Lo que
sostengo es que no sabemos que lo haya. Yo sólo puedo tener en cuenta lo que
se registra, y encuentro que se registran muchas cosas, pero estoy seguro de
que usted no acepta lo que se dice sobre los demonios, etc., aunque todas esas
cosas se afirman exactamente con el mismo tono de voz y con la misma
convicción. Y el místico, si su visión es verdadera, puede decir que él sabe que
existen los demonios. Pero yo no sé que los haya.

COPLESTON: Seguramente en el caso de los demonios ha habido gente que ha
hablado principalmente de visiones, apariciones, ángeles o diablos, etcétera. Yo
excluiría las apariciones porque pueden ser explicadas con independencia de la
existencia del sujeto supuestamente visto.

RUSSELL: Pero ¿no cree que hay suficientes casos registrados de personas que
creen que han oído cómo Satán les hablaba dentro de su corazón, del mismo
modo que los místicos afirman a Dios? Y ahora no hablo de una visión exterior,
hablo de una experiencia puramente mental. Ésa parece ser una experiencia de
la misma clase que la experiencia de Dios de los místicos, y no veo por qué, por
lo que nos dicen los místicos, no se puede sostener el mismo argumento en
favor de Satán.

COPLESTON: Estoy completamente de acuerdo en que hay gente que ha
imaginado o pensado que ha visto u oído a Satán. Y de pasada, yo no tengo el
menor deseo de negar la existencia de Satán. Pero no creo que la gente haya
afirmado haber experimentado a Satán, del modo preciso en que los místicos
afirman haber experimentado a Dios. Tomemos el caso de Plotino, que no era
cristiano. Éste admite la experiencia de algo inexpresable, el objeto es un
objeto de amor, y por lo tanto no un objeto que causa horror y disgusto. Y el
efecto de esa experiencia está, diría, refrendado o, mejor dicho, la validez de la
experiencia está refrendada por las crónicas de la vida de Plotino. De todas
maneras, es más razonable suponer que tuvo esa experiencia, si hemos de
aceptar el relato de Porfirio sobre la bondad y benevolencia de Plotino.

RUSSELL: El hecho de que una creencia tenga un buen efecto moral sobre un
hombre no constituye ninguna evidencia en favor de su verdad.

COPLESTON: No, pero si pudiera probarse de verdad que la creencia era
realmente la causa de un buen efecto en la vida de ese hombre, la consideraría
una presunción en favor de alguna verdad; en todo caso, de la parte positiva de
la creencia, no de su entera validez. Pero, sea como sea, utilizo el carácter de
su vida como prueba en favor de la veracidad y la cordura del místico más que
como prueba de la verdad de sus creencias.

RUSSELL: Pero incluso eso no lo considero como prueba. Yo he tenido
experiencias que han alterado mi carácter profundamente. Y de todas maneras,
en aquel momento pensé que fue alterado para bien. Aquellas experiencias
eran importantes, pero no suponían la existencia de algo fuera de mí, y no creo
que, si yo hubiere pensado que la suponían, el hecho de que tuvieran un efecto
saludable constituiría una prueba de que yo tenía razón.

COPLESTON: No, pero creo que el buen efecto atestiguaría su veracidad en la
descripción de la experiencia. Por favor, recuerde que no estoy diciendo que la
mediación de un místico o la interpretación de su experiencia deban ser
inmunes a la crítica o discusión.

RUSSELL: Evidentemente, el carácter de un joven puede verse, y con
frecuencia se ve, inmensamente afectado para bien por las lecturas sobre un
gran hombre de la historia, y puede ocurrir que el gran hombre sea un mito y
no exista, pero el muchacho queda tan afectado para bien como si existiera. Ha
habido gente así. En las Vidas de Plutarco encontramos el ejemplo de Licurgo,
que no existió de verdad, pero se puede uno ver muy influido leyendo cosas
sobre Licurgo, teniendo incluso la impresión de que ha existido. Entonces uno
habrá recibido la influencia de un objeto que ha amado, pero no habrá objeto
existente.

COPLESTON: En eso estoy de acuerdo con usted; un hombre puede sufrir la
influencia de un personaje de ficción. Sin profundizar en la cuestión de qué es
lo que precisamente le afecta (yo diría que un valor real), creo que la situación
de ese hombre y del místico son diferentes. Después de todo, el hombre
influido por Licurgo no ha tenido la irresistible impresión de que ha
experimentado, en alguna forma, la última realidad.

RUSSELL: No creo que haya captado bien mi criterio sobre estos personajes
históricos, estos personajes no históricos de la historia. No supongo lo que
usted llama un efecto sobre la persona. Supongo que el joven, al leer sobre esa
persona y creerla real, la ama, cosa que ocurre con mucha facilidad, pero, sin
embargo, ama a un fantasma.

COPLESTON: En un sentido ama a un fantasma, eso es perfectamente cierto;
en el sentido, quiero decir, que ama a X o Y que no existen. Pero, al mismo
tiempo, creo que el muchacho no ama al fantasma como tal; percibe el valor
real, una idea que reconoce como objetivamente válida, y eso es lo que
despierta su amor.

RUSSELL: Sí, en el mismo sentido en que hablábamos antes de los personajes
de ficción.

COPLESTON: Sí, en un sentido el hombre ama a un fantasma; perfectamente
cierto. Pero, en otro, ama lo que percibe como un valor.

3 comentarios:

  1. Aaaaaaaaaaaaaahhhh.... jajajajajajajjajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja ¿En serio este debate es verídico 100%?

    Hostia que risas, que crack COPLESTON, me enamorado.No me entraña luego que le coman el rabo al cura de Churra, si es la mitad que este hombre, yo también lo hacia, nada más que para que me contase su versión de la existencia de Dios mientras tanto. xDD

    He cometido el error de bajar hasta abajo el scroll para ver como de largo era la entrada y por cotilla o adelantaillo he leído la última frase del "figura".

    COPLESTON: Sí, en un sentido el hombre ama a un fantasma; perfectamente
    cierto. Pero, en otro, ama lo que percibe como un valor.

    No podía creerme lo que estaba leyendo y me han entrado aun mas ganas de empezar a leerlo.

    Que con su primer párrafo de esta parte, casi el sólito se cargue todo lo que ha estado defendiendo anteriormente es muy heavy.

    DIOS > DIABLO
    MARVEL > DC COMICS
    R.MADRID > BARÇA

    ¡COPLESTON WIN!

    Vamos a ver, según este elemento clérigo,yo que leo Naruto desde los 13 años, aun sabiendo que es ficticio, el hecho de que me aporte unos valores espirituales, éticos, morales y sociales que causan un buen efecto en mi vida y que crea en el y en estos valores...
    !!CONVIERTE A NARUTO EN REAL!!! VAMOOOO PA'YA!!!

    ¿No?Más o menos es lo que está sugiriendo.

    Verás cuando se entere Iker Jimenez de que DIOS puede ser un fantasma, jajajajajajjajajaj ¡APAGA Y VAMONOS!

    Que bueno, mas alegrado el día, F*CKING COPLESTON.

    ResponderEliminar
  2. Efectivamente, a mi dragon ball me aportó unos grandes valores sobre la amistad, el amor y la resurrección. Igualico que Dios jajajaja

    ResponderEliminar
  3. GOKU es DIOS. ¿Pueden demostrar que no lo es? ¡NO! por lo tanto:

    GOKU, es DIOS.

    como me molaría poder argumentar, de la manera que argumenta la iglesia sus teorias, cuando en un examen te encuentras la típica pregunta con su "justifique su respuesta" ¡j0 j0 j0! abría exámenes dignos de ser debatidos, solo que con los amigos, cerveza y petas xDDD jajajajajaja. MUY FAN DE COPLESTON.

    ResponderEliminar